No querría despedirme sin agradecer precisamente a las Leyendas de Eillar´had todo lo que a mi me ha regalado. Una vez yo fui un niño feliz que se dedicaba a soñar que vivía en otros mundos despreocupadamente. A medida que vamos creciendo vamos perdiendo esa capacidad hasta que un día, al borde de terminar la carrera y cuando empiezas a reflexionar un poquito sobre el pasado, te das cuenta alarmado de que la última puerta está a punto de cerrarse. Tratas de recordar cuándo fue la última vez que soñaste con dragones y el miedo a perder aquello que una vez te hizo niño te hace gritar.
Sentarme a escribir esta historia ha sido posiblemente lo mejor que me ha pasado nunca, ya que con ello he recuperado esa capacidad para soñar despierto. No sé si servirá para algo más, pero desde luego a mí con esto me es más que suficiente.
Kellesul, Sinwe, Braukas, Korgamul y los demás personajes de la novela no me han abandonado ni un solo día desde el primero y me han devuelto el mundo mágico al que escaparme cuando el de aquí se hace demasiado real.
Resumiendo, puede que esta novela no vaya a resonar como algo digno de premios, pero creo que sí consigue definitivamente transportar al lector a otro mundo. Y en este caso, mi mundo. Es un regalo, una novela escrita por y para los enamorados de las historias de fantasía que hace tiempo se han dado cuenta de que se han hecho mayores y echan de menos esos viajes a lomos de dragones, entre hadas, guerreros y hechiceras. En definitiva, esta historia primero y ante todo fue un sueño, nacido del último acto de rebeldía de ese adolescente tardío que se asustó de hacerse mayor, y luego, poco a poco, se fue convirtiendo en una vía de escape, en una puerta a otro mundo que quiero compartir con vosotros.
Espero sinceramente que disfrutéis leyéndola al menos tanto como yo lo hice escribiéndola.




